Obra en acrílico con texturas en díptico sobre dos lienzos de 100×100. 

Los tonos cálidos se entrelazan con los fríos y enérgicos chispazos de blanco. La textura y el pan de oro acompañan toda la obra para dar una sensación de conjunto y continuidad. 

Una pieza hecha para ser protagonista de cualquier pared. 

 

 

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