No es sencillo encontrar el equilibrio entre el currículum y la esencia de la persona, en su justa medida.
Decir que soy hija de Madrid es un buen comienzo, aunque ahora me haya refugiado en su sierra. También que, desde muy joven, los trazos, las luces y los colores han formado parte de mis intereses; que, por distintos motivos, terminé estudiando Magisterio, pero que seguí buscando mi parte creativa cuando comencé los estudios de Diseño de Interiores, y que disfruté especialmente al entrar en la Facultad de Bellas Artes.
La vida se ha comportado conmigo de una forma entretenida y caprichosa, regalándome distintos giros de guion, mientras yo entraba y salía del mundo de la pintura.
Ahora, con los deberes hechos, he encontrado el espacio y el tiempo para profundizar en mi faceta creativa. Y aquí estoy, disfrutando de las texturas, de la luz, de los colores, incluso del olor.
Me gusta saber encontrar los pequeños placeres de la vida, esos que se esconden entre las prisas y la costumbre: la luz y los colores del atardecer, el crepitar de las llamas, el sonido de los pasos sobre las hojas, el murmullo de la lluvia, la fuerza sobrecogedora del mar, el olor de las pinturas… Me obligo a buscarlos y a disfrutarlos. No quiero vivir solo de los grandes momentos; quiero vivirlos todos.